La infame vacuidad
seduce a la belleza,
le ofrece espacio para sus sueños,
promete lugar abundante
donde dibujar sus movimientos.
La engatuza, diciéndole
que no hay límites.
Le muestra un infinito.
Desaparecen los horizontes,
ya no hay trancas,
caen las vallas,
se limpian las tinieblas
donde la luz nunca llegará.
¿A cambio de qué?
De nada, pues nada
necesita para existir.
¡Ardid!
Si nada se necesita,
es necesario despojar
de todo a la belleza,
pues,
belleza quiere ser
vacuidad.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
martes, 16 de octubre de 2007
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