El vino huele a entrepierna venusina,
tiene el color de tu fertilidad latente,
acaricia mi lengua
como lo hiciera la tuya algún día,
me acompaña
en mis triunfos y mis caídas
y, me ayuda a encontrar
por una noche,
sentido a mi vida
El vino me llama, me engatuza
y yo voy, inocente y sin ningún
tipo de excusa,
lo tomo y lo vierto en la copa,
y cae hermoso,
como tu cuerpo en mi lecho
y me invita a beberlo
cual sabor de tus besos.
Me marea, me engaña
los ojos,
travesea con mi lengua
me muerde,
me tirantea.
Ya no se, no veo
la diferencia
entre una copa y tu cintura,
si es un sorbo, quizá un abrazo,
tal vez tu amor,
mi embriaguez.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
viernes, 24 de agosto de 2007
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