Dijéronme que el viento
no se puede ver,
mas, descubrí en tu carne
que vas con él.
Una brisa leve
despide tu andar cadencioso,
brisa que refresca
mi existencia
en la tardes de este
otoño interminable.
La ráfaga cálida de tus brazos
me envolvió durante
el frío de tantos
inviernos,
tantos y tan pocos
a la vez.
Pero nada fue eso
cuando descubrí,
la ventolera que es
tu cuerpo al danzar.
El tiempo se congela,
ruges como huracán,
creas y destruyes
con la furia y sutileza
que solo tu naturaleza
sabe dar.
Torbellino de pasión,
tormenta de emociones,
grito de libertad,
en eso te conviertes
cuando tus pies se mueven
al compás de tus latidos,
tan fuertes, tan vivos,
tan humano, tan animal.
Viento del Norte y del Sur,
hincha tus venas
quema tus huesos
y logras tu amada
ingravidez,
tomas la forma de todo
y de nada a la vez.
Llévame con tigo
por el cielo
en tu baile sin freno
y no me dejes caer...
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
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