Mi mamá siempre compraba
las cerezas más baratas,
esas pequeñas, negras,
pegajosas y picadas.
Con mi hermano a veces,
un poco nos molestaba.
Aunque no de buen aspecto,
sabían dulces bien lavadas.
Todavía un muchachuelo,
y junté algo de plata,
cerezas al Super Market
fui a comprar, de las más caras.
Redondas, grandes, coloradas,
de verde intenso sus ramas.
Diez no cabían en mi palma.
Mi fantasía realizada.
La sorpresa grande sería
al sentirles el gustito,
tenían el cuero bonito,
pero el alma desabrí'a.
¡Hombre!, cuide sus antojos,
y piense con la cabeza,
la mujer y la cereza,
suelen engañar los ojos.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
jueves, 31 de enero de 2008
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1 comentario:
sssssssssss que paso con las cerezas mmmmm y las mujeres no engañamos los ojos solo los hombres queremos ver lo que queremos ver. te quiero mucho
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