Entonces en medio de la noche
la voz me dice
¿Donde crees que está?
Y es mi corazón quien responde
con cándida inspiración,
quisiera que esté durmiendo
al igual que yo, en su habitación.
Mas, la insidiosa presencia
de la mente, susurra, canta
las infinitas posibilidades,
las más sublimes,
las más banales.
Y en mis acongojados recuerdos
de aquél rostro incorpóreo
se mezclan la ira y el celo
el desdén, el miedo,
la impotente agonía
de bestia en matadero.
Lancetas de ponzoña
que atraviesan mis momentos,
desgarran los instantes,
los transforman en tormentos.
Sangre de incertidumbre
cubre mi frágil cuerpo,
nauseabundo de tu ausencia
quiero escapar del tiempo.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
jueves, 31 de julio de 2008
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