He dejado de beber porque el Vino y la Cerveza
son productos nobles de la naturaleza,
y no se les puede culpar a ellos
por los fracasos y errores
de un hombre sin talento.
Es el tercer invierno que pasaré en la fría soledad de mi cama.
El primero fue la depresión por la ruptura del amor,
el segundo el alcoholismo reparador que me hundió
en lo más oscuro de mi ser.
Esta vez, soy esclavo de mi lucidez, y con ella me acompañaré.
Es la más fea de todas,
no dan ganas de estar a su lado,
y a cada rato,
me siento tentado a dejarla.
Pero algo tiene,
que no me deja traicionarla,
quizás sea la solidez de su realidad,
no es la más bella, lo sé,
aunque siempre estuvo a mi lado,
nunca la quise ver.
Hoy me aferro a su cuello como
náufrago de la soledad.
Ya casi olvido las tardes en las playas
tibias del cariño y los arrumacos,
me siento flaco, enjuto y deslucido
pues todo contacto con tierra
se ha perdido,
navego a la deriva,
flotando sobre mis razones
en un mar de sensaciones construidas
para olvidar la belleza de la vida,
y quedarse en el sopor de la rutina.
Espero que esta balsa construida
con cuatro pensamientos
aguante esta tormenta
y logre llevarme a buen puerto
ya sea vivo,
o muerto.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
miércoles, 14 de mayo de 2008
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