Creo que ya aburrí a la luna
hablándole de ti.
Tanto le dije
y tanto le conté,
que, de gorda y brillante
se fue gastando a la negrura.
Cada noche conversaba
y le contaba de tu amor.
Cada noche la luna perdía
un trozo,
y yo, con ella
un pedazo del corazón.
Durante siete noches
me confidencié ante la luna,
le lloré y le canté.
Tu nombre mencioné más
de mil veces.
Y hoy, luego de siete soles,
por fin la luna no salió.
No quiso escuchar a un
mentecato,
que no sabe hablar
de otra cosa
que del amor,
el verdadero, el hermoso,
el amor
que perdió.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
martes, 4 de diciembre de 2007
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