Encontramos una semilla,
perturbados, no entendimos.
La sembramos igual.
Sin darnos cuenta germinó.
¡Cultivémosla!
Sí, no, tal vez.
Vivió, creció.
Lentamente, mostró
su tallo firme, al parecer.
Sus hojas comenzaron a abrirse,
el perfume nos embriagó.
Admiramos el talante
de sus brotes gallardos,
altivos y únicos.
Nos regocijamos con el
destello de sus flores.
¡Cuánto color, cuánta luz,
cuánto movimiento!
Un caleidoscopio
de vida y creación.
Un trabajo largo, un proceso,
una entrega, más bien dos.
Y en ese momento, nos hartó.
A buscar machete fuimos,
rosón, tijeras,
la cortamos, la secamos al sol,
le prendimos fuego,
la hicimos humo
y nos tragamos el dolor.
Bueno, ya era hora de escribir poesía, fue mucho tiempo de amor, tal vez demasiado, también mucho tiempo de sufrir, estoy seguro que demasiado, es el tiempo de expíar, es el tiempo de sanar, es el tiempo de escribir.
jueves, 20 de septiembre de 2007
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